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Te invito a sentarte en torno a mi mesa y compartir mis cuentos y mi brasero.

Los cuentos son para dormir a los niños y despertar a los mayores.

Donde lo imposible se hace posible.

Los cuentos nos hacen regresar a nuestra infancia.

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lunes, 24 de junio de 2013

HOY TOCA UN CUENTO

Querid@s amig@s, ya hace tiempo que no ponía un cuento y este blog fue abierto con ese fin, el de enseñaros tanto mis trabajos como los cuentos que escribo; tengo en proyecto hacer unos dibujos para cada cuento pero lo voy dejando y espero algún día hacer algo al respecto, de momento ahí va uno de mis cuentos, espero que os guste.

EL   DINOSAURIO   SOÑADOR

 
Rufino era un dinosaurio feliz, vivía en una bonita isla con muchos árboles y flores pero muy solito.
         Le gustaba tumbarse en la hierba rodeado de flores y contemplar el cielo y las nubes que pasaban. Soñaba que esas nubes un día una tendría la forma de una linda dinosauria y que con suavidad se posaría a su lado para ser su compañera, serian felices y tendrían muchos hijitos.
         Pasaban los días y Rufino seguía soñando, mirando al cielo y esperando a su compañera.
         Un día como tantos otros en el que contemplaba las nubes le pareció ver una en forma de dinosaurio y se alegró su corazón, pero  de pronto se desencadenó una terrible tormenta que con un fuerte viento se llevó las nubes mar adentro; se quedó triste por que el viento le quitó a su compañera.
         Empezaba a cansarse de tanta espera y pensó que el esperar de las nubes a su amada era un sueño, pensó y pensó la forma de encontrar a alguien con quien vivir, jugar y ser feliz.
         Se puso en camino para recorrer la isla en busca de más dinosaurios, cuanto mas caminaba mas se alejaba de sus prados de flores y de la sombra protectora de sus árboles pero seguía estando solo, de su especie era el único.
         Pasaba por sitios pantanosos, oscuros, con unos animales extraños para Rufino; empezaba a sentir miedo y cansancio, el estomago le pedía comer, se sentía hambriento.
         Siguió caminando para buscar plantas de brotes tiernos y calmar su hambre.
         Llegó a un valle tan bonito como sus prados y se puso a comer hierbas sabrosas pues tenía mucha hambre, tanto comió y tan cansado estaba que se tumbó y se durmió plácidamente.
         En el cielo las nubes empezaron a juntarse y tomaron la forma de una linda dinosauria y con la suavidad de una pluma se fue posando en el valle justo al lado de Rufino, cuando este despertó y la vio no se lo podía creer.

         ─† ¿Cómo te llamas?- Le preguntó.

         ─† No tengo nombre,- Dijo la dinosauria.

         ─† ¿De donde bienes? -Dijo Rufino.

         ─† Vengo del cielo de los dinosaurios, las nubes me trajeron para hacerte compañía.

         ─† Tenemos que buscarte un nombre con el que te pueda llamar.

         Rufino se quedó pensativo buscando en su cabeza un nombre que fuera apropiado para su novia.

         ─† ¿Qué te parece Celeste? Dices que vienes del cielo.

         ─† Es bonito ese nombre, Celeste me llamaré.

         Rufino se sentía feliz, ya tenía compañera y se dispuso a casarse con ella; pidió al amanecer un velo de tenue bruma para cubrir a su novia, las estrellas del cielo bajaron para hacerle una corona, las flores saltaron a sus manos para ser su ramo de novia.
         Fue una boda muy bonita en la que los pájaros cantaron sus mejores trinos, todas las flores del valle abrieron sus pétalos para no perderse la ceremonia.
         Rufino y Celeste estaban radiantes de felicidad, cogidos de la mano se tumbaron en la hierba para contemplar las nubes. Pasaron ante sus ojos toda una legión de dinosaurios que habitaban en su cielo y agitaban sus manos en señal de saludo y deseos de felicidad.

 
Dedicado a mis niños a los que añoro y no puedo contárselo personalmente, ¡Cuánto os hecho de menos! Escrito en el 2001

 
Abuela Carmina

miércoles, 28 de noviembre de 2012

AVENTURAS Y DESVENTURAS DE LA ARAÑA RUPERTA


Hola amig@s, como ya hace un tiempo que mantengo un silencio en estas páginas hoy os voy a dedicar un cuento, que ya hace tiempo que los tengo olvidados. Este silencio mío es por la gran cantidad de trabajos pendientes de cara a la Navidad y que como es habitual en mi no fotografié (me mandaran fotos, me lo prometieron) y entregué; mas adelante os los enseñaré.

Este cuento es inspirado en los comentarios de mi hija, jardinera en Isla Dos Aguas.

AVENTURAS  Y DESVENTURAS DE LA ARAÑA RUPERTA


Había una vez, en los jardines del campo de golf llamado “Isla Dos Aguas” una araña gordita y resultona que se llamaba Ruperta, le encantaba vivir en el interior de los pozos de riego, su escondite preferido era junto a las bombas del agua; cada día los jardineros al verla tan grande se asustaban pero la respetaban y dejaban vivir en paz en su agujero, tenía la araña como sus mejores amigos al grillo Cantarín y al ciempiés Calcetines. Aquel día todo el campo de golf con sus jardines y rosaleda estaba alborotado y muy especialmente las arañas que residían en él, porque se casaba la rosa de Pitiminí con el Narciso, eran sus padrinos La Lavanda y el Geranio que crecían todos ellos en el jardín de taquillas, junto a la cancha de prácticas, bajo los tiernos cuidados de los jardineros que las mimaban con esmero. Todas estas flores derrochando su hermosura y sus colores recibían a los jugadores de golf dándoles la bienvenida cuando llegaban al campo.

El  padre de la novia D. Clavel Reventón quería para ella el velo más bonito que se pudiera tejer, premiaría con el título de "Tejedora Mayor de Isla Dos Aguas" a la araña que tejiera el velo de novia más hermoso para su rosa de Pitiminí, su hija más querida. Todas las arañas del parque se pusieron manos a la obra, se habían puesto a trabajar para que la novia de Isla Dos Aguas fuera la más bonita en el día de su boda y también querían ganar ese título.

La araña Ruperta junto con Calcetines salió de su casa escondite. Si amiguitos, escondite por que confiaban muy poco de la puntería de  los golfistas y peligraba el ser aplastados por una de sus bolas despistadas (que eran muchas), Ruperta andaba alborotada, ella también quería lograr ese título y  pensaba en cómo podía ganar el premio. Tengo que deciros, amiguitos, que la araña Ruperta era un poco histérica, desordenada y también la habilidad no era una de sus cualidades, tejía sus telas una y otra vez pero el desorden de su trama hacia que el trabajo fuera un autentico desastre, no lograba que ningún pequeño insecto callera en sus redes. El vecino Calcetines y el grillo Cantarín ya estaban artos de los continuos arrebatos de histeria de Ruperta y deciden poner cartas en el asunto, lo primero Cantarín le administra a Ruperta una dosis de tila del árbol cercano y después la manda a dormir un rato y Calcetines le da unos masajes relajantes que la dejan “grogui”. Mientras tanto piensan en cómo ayudar a la desdichada Ruperta a confeccionar su dichoso velo de novia.

Cuando por fin Ruperta ya despejada se despierta de muy buen talante y su amigo Cantarín le dice que se ponga a tejer, que ponga todo el empeño y el trabajo le saldrá bien. Consigue hacer un buen trabajo pero… mira por donde un avispado ratón que venía olisqueando unas pieles del queso del bocata de algún golfista va a dar de bruces con el velo que nuestra Ruperta está tejiendo y zasss le hace un agujero redondito en todo el medio dando al traste con el trabajo de Ruperta.

—• Soy una desgraciada – lloraba a pleno pulmón Ruperta, no dándole tiempo a limpiarse tanta lagrima y eso que tiene numerosas patas para hacerlo.

—• Vamos a ver mujer, no debes preocuparte por esto, aun tienes tiempo para hacer tu labor – le dijo Cantarín.

—• No puedo, las fuerzas me fallan ya, y no consigo formar un hilo resistente, me estoy volviendo vieja – contesta Ruperta.

—• No te lamentes mujer y ven que te doy un masaje antes de comenzar de nuevo la labor – le dice Calcetines.

—• Buaaaa, pa masajes estoy yo, soy una inútil y una vieja, buaaa – se lamentaba la araña.

—• Basta ya de lamentaciones, ponte manos a la obra y haces lo que sabes hacer, mal o bien pero lo sabes y mientras, yo hago lo que sé hacer muy bien, yo te cantaré una balada como si fuera tu enamorado y ese velo fuera para lucir tu el día de nuestra boda ¿de acuerdo? – le dijo Cantarín.

—• De acuerdo – contestó Ruperta con la voz aun entre hipos.

—• Vamos Rupertita, cariño, mientras tejes yo te doy unos ligeros masajes por tu espalda que te relajaran – le dijo Calcetines con todo el mimo que pudo.

Ruperta comenzó de nuevo su labor poniendo todo su empeño en ello y mientras el grillo Cantarín desgranaba sus baladas que le salían del alma pero sin perder de vista a la tejedora no sea que algún imprevisto surgiera de nuevo y ya estaba más que harto de las quejas y lamentos de la vieja Ruperta. Calcetines con todas sus manos masajeaba a la tejedora suavemente pero cuidando que no se le durmiera porque últimamente era muy propensa al sueño.

Por fin el velo quedó concluido y se dispuso a ofrecérselo a la feliz novia, la rosa de pitiminí; esta lo recibe con gran regocijo pues es el más bonito del jardín.

Todas las flores y pequeños bichitos del campo de golf están reunidos en el jardín de taquillas y expectantes a ver el velo de la novia.

Al amanecer, cuando apenas el sol asoma por el horizonte comienza la ceremonia, aparece Pitiminí tocada con su blanco velo al que las gotas del rocío junto con los primeros rayos del sol hace que destelle una luz embriagadora, todos los colores del arco iris hacen la cola de tan hermosa novia que luce su esplendor con una elegancia propia de la categoría de la rosa de Pitiminí, desfilando armoniosa a los acordes que la garganta de Cantarín desgranaba para ella.

Os preguntareis por la araña Ruperta y Calcetines; pues bien, esta asistió emocionada e histérica a la ceremonia a la espera de la decisión del padre de la novia, y al final de  esta ceremonia, ella, Ruperta fue nombrada “Tejedora Mayor de Isla Dos Aguas” y siguió dando sustos a los jardineros cuando abrían el pozo de riego y se encontraban con ella y sus tejidos, el ciempiés Calcetines salió disparado a toda la velocidad que le daban sus numerosas y cortas patitas a refugiarse en el pozo de riego antes de que los atolondrados golfistas la prendieran con él.

El grillo Cantarín siguió cantando feliz, ya sin los lamentos de Ruperta y sin pensar en recoger comida para el invierno, pero este ya es otro cuento.

¡Colorín colorado, este cuento se ha acabado!

lunes, 9 de abril de 2012

EL PERRO TRISTAN


En una ciudad grande como Madrid había un niño muy caprichoso que todo cuanto veía se le antojaba y conseguía.
         Un día pasó frente a una tienda en la que vendían animalitos y se encaprichó en que le compraran un perrito.
         ─† Mamá, quiero un perrito. Decía Javier, que así se llamaba el niño.
         ─† Pero hijo (decía su mamá) ¿Cómo vas a tener en casa y en un piso a un pobre animalito?.
         ─† Si no me lo compras seré un niño desgraciado y me aburriré mucho.
         Después de muchas discusiones y razonamientos a los que Javier no hizo ni caso logró salirse con la suya y consiguió el perro.
         Era un cachorro de martín, precioso, parecía una bola de peluche, le puso de nombre “Tristán”.
         El perrito era feliz jugando con todo cuanto cojia a su alcance, escondía la zapatilla al abuelo que se volvía loco buscándola, enredaba la madeja de la lana a la abuela y como lo tenían bien alimentado crecía y crecía, pero a medida que “Tristán” crecía el interés de Javier por el perrito mermaba, como ya tenia otro juguete nuevo no le hacia ni caso; “Tristán” lo notaba y perdía su alegría.
         Pasaron los meses y llegó el verano, hicieron planes para ir a la playa pero “Tristán” era un estorbo, decidieron abandonarle en una calle de la gran ciudad.
         El pobre “Tristán” pasó hambre, casi le atropella un coche y pasó lo inevitable, le cojieron los de la perrera municipal, lo metieron en una jaula y el pobrecito lloraba por que no comprendía el por que estaba allí.
         Pasaron los días y como nadie lo reclamaba lo iban a sacrificar.
         Un día un coche pasó por la carretera cercana, tubo la mala suerte de averiarse, los ocupantes fueron a pedir ayuda a la perrera, entre ellos estaba Ramón un niño que vivía en un pueblo con muchos animales.
         Ramón quedó impresionado de la carita de tristeza de “Tristán”, preguntó por sus dueños.
         ─† Es un perro abandonado de los muchos que recogemos cada año en el verano (le dijeron).
         ─† ¿Vendrán luego a recogerle? (preguntó Ramón).
         ─† No, este y otros muchos en pocos días morirán.
         ─† ¿Y si yo le recojo y prometo hacerme cargo de él me lo dais?.
         ─† Tuyo es y le salvas de una muerte segura.
         Ramón se lo llevó a su pueblo, lo soltó por el amplio patio y “Tristan” de nuevo se sintió feliz jugando con los gatos, corriendo tras los corderitos y sintiéndose querido, el los quiso y lo demostró con su fidelidad para Ramón, cuidando y custodiando como fiel centinela.
         Nunca hagas como Javier por que no vas a encontrar siempre a otro Ramón para remediar tú error.



        Aidán, cariño, este cuento es para ti, nunca seas otro Javier, dale amor a todo el que esté junto a ti. 1992

                                        Mamá Carmina

jueves, 22 de marzo de 2012

LA GRANJA

El gallo Quirico se fue de paseo
la gallina Fina solo puso un huevo
el gallo la riñe con mucho salero,
Finita, Finita, como no espabiles
este gallinero a poco no existe.

La vaca Tomasa ya tuvo un ternero,
el toro Manolo está muy contento
con este retoño aumenta su ego.

El pavo Prudencio, sacude su moco con bastante enojo,
su pava comadre no le da polluelos,
no sufras compadre que de esta manera
en las Navidades comerán ciruelas.

La cerdita Lisi tuvo una camada,
sus doce cerditos la tetita maman,
el cerdo Lorenzo engorda y engorda,
de puro contento.

El pato Calixto pasea la charca con su contoneo,
su pata Colasa se sienta en los huevos,
en muy pocos días le dará polluelos.

La ovejita Blanca tuvo su cordero,
gordito, gordito, Copito de Cielo,
su papá el carnero retoza contento
y va presumiendo con sus compañeros.

Paca, la paloma no sale de casa
en el palomar quiere ser mamá,
el papá palomo vigila muy atento
para que el milano no coma al polluelo.

Rabí el conejito con gran desparpajo
sacude el bigote y espera gazapos,
la mamá coneja los está alumbrando.

El gato y el perro,
El perro y el gato,
Completan la historia
Que te estoy contando

FIN

Este cuento lo escribí y dedique a Gonzalo con todo el amor de la abuela en 1996.
                           Abuela Carmina

lunes, 20 de febrero de 2012

YAISA

Erase una vez, allá por los años en que los dragones tenían a la gente atemorizada, cuando los hombres luchaban por sobrevivir con las formas más primitivas de supervivencia. Había una isla paradisiaca, privilegio de la naturaleza, donde nunca eran atacados por otros vecinos con el fin de adueñarse de ese paraíso por que el mar que los rodeaba los protegía, hacia de barrera infranqueable protegiendo sus vidas y posesiones; allí vivían unas gentes felices en medio de aquellas fértiles tierras, cuidando sus animales y recolectando los frutos que esa esplendida tierra les  proporcionaba.
Había una familia a la que Dios solo le dio hijas y por eso la mayor, Yaisa, tenía que encargarse de las labores propias de un chico y cuidar de sus cabras, el padre le enseñó todo cuanto debía de conocer sobre el cuidado de estos animales que eran primordiales para la vida en la isla.
—• Yaisa, hija, procura que tus cabras sean las primeras en entrar en los buenos pastos; mantenlas calmadas y quiérelas mucho, de ello depende el que den buena leche para hacer los quesos – le decía siempre su padre.
—• Descuida papá, así lo haré, mis cabras son mi vida y el sustento de la familia.
Y Yaisa cogía su comida en una fárdela y la colocaba en las alforjas de su burrita que dócilmente la acompañaba todos los días; sacaba las cabras del redil y marchaba contenta y feliz a los pastos, mientras, sus hermanas aprendían los quehaceres domésticos propios de una señorita, esto nunca preocupó a Yaisa, tenia bien asumido su papel en el conjunto familiar, alguien tenía que ayudar al padre.
Yaisa pasaba muchas horas en la soledad de los campos y su mente se ponía a galopar en un mundo de fantasía haciéndola soñar despierta, dedicaba su tiempo a domesticar sus cabras que las tenía muy bien enseñadas y eran como una continuidad de ella misma, la comprendían y obedecían en todo.
En sus soledades soñaba con un príncipe que un día la buscaría en los campos donde cuidaba sus cabras para pasearla del brazo orgulloso por los salones de palacio. Ese príncipe llegaría por el mar y por eso ella siempre soñadora vigilaba ese mar que la rodeaba, por si algún día su sueño se hacía realidad.
Cuando se dirigía por las mañanas al campo siempre cantaba lindas canciones que ella misma se inventaba.
       Donde vas tan alegre
       Niña del alma,
       Voy buscando a mi amado
       Que llega en barca.

       Pero si en barca llega
       Es de otras tierras,
       No nos dejes mi niña
       Por lontananza.

       Por lontananza llega
       De otros lugares,
       Lugares muy remotos
       Allende los mares.

La gente la miraba con alegría y decían a su padre.
—• Amigo, Dios no te dio un chico, te mandó un ángel.
—• Orgulloso me siento yo de mi hija, se que siempre sabrá gobernar con acierto su casa – Decía su padre.
Yaisa seguía cantando con su voz melodiosa camino de los pastos, alegrando las mañanas de los que encontraba en el camino y especialmente las de su amada familia.
Un buen día cuando ya se había alejado del poblado hacia un lugar desde el que se pudiera ver el mar como era su costumbre, ese mar que en su fantasía le traería a su príncipe enamorado; de pronto, la tierra se movió con un gran estruendo formando montañas donde antes no las había y esas montañas escupieron fuego, lava y cenizas, oscureciendo el cielo de ese luminoso día. Las sacudidas de esa tierra herida en sus profundidades era sobrecogedora, la lava avanzaba como un amenazador río, sepultando a su paso poblados y cultivos. Yaisa, como le habían enseñado a hacer ante un peligro, primero se ocupó de poner a salvo sus cabras, después trató de ver la suerte que su aldea había corrido, no logrando ver nada en medio del abrasador calor que desprendía esa lava que lo invadía todo. Quiso rodear la isla para juntarse con los suyos desde otro punto pero fue imposible, el desastre lo invadía todo.
Ante lo irreparable Yaisa tenía que asumir lo que debía de hacer y encaminó su rebaño a terrenos más seguros. Mirando asustada esa llamas y vapores tan altos, esos movimientos bajo sus pies, esas ascuas que se movían amenazadoras pensó en que un dragón enorme que se hallaba dentro de una cueva se había enfadado mucho y escupía ese fuego destructor; la pobre niña no sabía que esto era el resultado de un accidente geológico de la naturaleza que estaba cambiando totalmente la superficie de la isla, que antes era un vergel, dejándola  ahora sepultada por lava y cenizas que la volverían árida y quemada.
Caminó a otras tierras donde alimentar sus cabras y poder comer ella; las aldeas que encontraba en su camino estaban bacías, habían dejado todo en su precipitada huida, ¿Dónde habían huido? Yaisa no lo sabía y se sentía sola y desprotegida. Sobre la niña había recaído una gran responsabilidad, tenía que sobrevivir y lograr que sus cabras también pudieran vivir par que cuando su padre la encontrara (por que estaba segura que la buscaría) poder entregarle esos animales que su padre había puesto en sus manos, seguro que era la propiedad que les quedaba.
Pasaron meses y años, surgieron nuevas montañas de fuego quedando la isla casi totalmente cubierta de cenizas, Yaisa plantaba lo que podía para luego recoger, sus cabras comían lo que encontraban y se refugiaba donde podía, bebía la leche de sus cabras y casi era su único alimento. Comenzó a ver barcos con extrañas y lúgubres banderas acercándose a la isla; Yaisa hizo de una gran cueva volcánica su refugio y escondite, las cabras sabían que cuando entraban tenían que ser mudas, ni un sonido salía de su boca, y así fue como logró pasar desapercibida a los piratas, ellos hacían de la otra punta de esta cueva el escondite de sus tesoros, nunca se adentraron en la isla por el aspecto de desastre que veían, ¿Quién podría vivir en este desierto? Pensaban para alivio de Yaisa.
La niña seguía cantando para poder oir siquiera su voz, pero ya no había alegría en sus canciones.
                                               Montañas de fuego
                                               Senderos de rocas,
                                               ¿Que mal yo os hice
                                               pa dejarme tan sola?

                                               Sin padres ni amigos
                                               Sin tierra que labre,
                                               Sola en este mundo
                                               Sin nadie a quien ame.

Los días se hacían interminables pero la férrea educación que le dieron hacia que no desfalleciera, que se mantuviera atenta al trascurrir de la vida en la isla, sabía que tenía una meta y había que cumplirla ante todo, y atenta a su rebaño que fue aumentando con los años fue recorriendo la isla en busca de alguien que se encontrara solo como ella. Un día ve como se acerca una barquita con un solo ocupante, parecía estar en malas condiciones, ella sigilosa primero y rápida después se acercó solícita a la orilla para que un apuesto joven se bajara con dificultad de la barca apoyado en su mano. Este joven tenía una gran herida en el pecho que yaisa curó con savia de aloe como siempre vio a su madre hacer, pasó unos días malos por la fiebre y no cesaba de decir en sus delirios que todo había sido una traición política y que le arrebataban su trono.
Después de varios días sin salir de la cueva, pendiente del herido, este se fue recuperando y ya le dijo como se llamaba y quien era, Yunan; Yunan era el príncipe de un reino lejano al que traicionaron e intentaron matar, pero un fiel servidor le vio malherido y le colocó en la barca para ver si se podía salvar. Con la ayuda de Yaisa se fue recuperando y comenzó a hacer planes, juntos recorrieron la isla a ver que podían hacer.
Un día se dedicaron a inspeccionar la cueva y ¡Ho sorpresa!; en su salida por otra boca se encontraron con un tesoro incalculable, pero ¿de qué les podía servir ese tesoro si estaban solos? ¿si no tenían donde comerciar con sus monedas?.  Juntos encontraron el poblado donde vivía Yaisa, estaba cubierto de cenizas y sus casas medio derruidas del abandono, comenzaron a limpiar de cenizas los terrenos y casas restaurando las que estaban en mejor estado, buscando aquí y allá encontraron cepas e higueras que plantaron en sus fincas, así como otros cultivos que pudieron recuperar. Hicieron de esta aldea su reino, sin súbditos ni intrigas palaciegas, tan solo ellos y sus cabras formaban este reino y su séquito.
Cuando ya no tenían esperanzas de encontrar más gentes, aparece por el horizonte un grupo de pequeñas barcas; la primera reacción fue de ponerse a salvo en la cueva, pero ya vieron que eran gentes en son de paz y salieron a su encuentro, ¡cual sería su sorpresa cuando Yaisa reconoce a su familia! Están muy mayores y sus caras reflejan el dolor que durante tanto tiempo les tocó sufrir creyendo a su hija bajo la lava ardiente. Yaisa les contó toda su vida de estos años en soledad, les mostro el trabajo realizado para recuperar sus posesiones e hizo entrega a su padre de un gran rebaño de cabras conseguido con tesón en estos años.
Los padres no daban crédito de lo que veían, parecía todo un sueño o un milagro; Yaisa les presentó a Yunan y les contó su historia, los isleños que al ver que de su isla ya no salía humo y  regresaron, decidieron que Yunan sería su rey, y como este expresó sus deseos de casarse con Yaisa ella sería su reina, y así el sueño de Yaisa quedó hecho realidad y todos vivieron felices, reconstruyeron sus aldeas y tomaron posesión del tesoro del pirata utilizándolo para mejorar su isla. Del pirata nunca jamás se supo nada.

Esta pequeña historia o cuento vino a mi mente después de contemplar Lanzarote y pensando en cuantas verdaderas historias similares habrán sucedido en esa isla en el trascurso de las erupciones, tierras destruidas, gentes separadas, ilusiones frustradas, peleas ganadas a las cenizas. Dedico este cuento a mi amiga Macoke y mando saludos a esa gente lanzaroteña, merecéis mi humilde  homenaje. 

Abuela Carmina

viernes, 30 de diciembre de 2011

EL PAYASO Y LA NAVIDAD

Este cuento es muy apropiado para esta época de regalos y consumismo, para meditar sobre el afán de nuevas tecnologías y olvidarnos un poco de todos esos regalos humildes pero que hacen que trabaje nuestra imaginación, yo soy partidaria de esos regalos y no de los que te lo dan todo hecho, tenemos que potenciar las ideas, dejar volar la imaginación.


En un bazar muy grande todo lleno de juguetes, vivía por que así se podría decir por los años que en él estaba, un viejo payaso que tocaba el tambor.
         Todos los años veía pasar por delante de él a grandes juguetes, trenes preciosos, muñecas que todo lo hacen, juegos interactivos, etc.
         Cada año por Navidad pensaba que también a él le tocaría alegrar la carita de algún niño y cada año se veía desplazado por los juguetes electrónicos, pensaba que por que al fabricante no se le ocurrió meter en su tripita unas pilas para que su tambor sonara.
         Sus colores se fueron apagando, su presencia ya no era bonita y el tendero pensó en deshacerse de él y dejar sitio para nuevos juguetes en las próximas Navidades, el payaso fue a parar al contenedor de la basura.
         El pobre payaso estaba desolado entre cartones y desperdicios pensando que él no había podido hacer feliz a ningún niño y es para lo que le habían creado, ya nunca vería caritas ilusionadas y risueñas, su vida como juguete llegaba a su fin sin haber logrado su objetivo.
         De pronto sintió que unas manos estropeadas por el duro trabajo le rodeaban su cuerpo y con mucho cuidado le limpiaban de toda la basura, con un esmerado cuidado lo envolvía en un trozo de periódico atándole con un lazo desvaído; el que así le trataba era un buen hombre que se ganaba la vida recogiendo cartones y no se podía permitir el lujo de hacer regalos a sus hijos en Navidad. Feliz e ilusionado fue a su casa con el payasito y así por  una vez en su vida poder ver felices a sus hijos.
         Se recibió al payaso mejor que en un circo, se celebro la Navidad con mucha alegría y mucho amor, se le busco un nuevo lugar al lado del portal del humilde Belén, junto a una oveja coja y un pastor manco pero era feliz, conocía la sonrisa de un niño y por una vez en su vida su tambor sonó para el niño Dios.

Este cuento fue escrito en 1992 para Aidán y pensando en todos los niños que solo quieren juguetes sofisticados, también los que son humildes hacen felices a los niños.

Mamá Carmina

martes, 20 de diciembre de 2011

K.A. – 2 Y LA NAVIDAD

 Este cuento se lo dediqué a mi hija Eva cuando era pequeña, lo veo muy adecuado a estas fechas y por eso ahora os lo dedico a vosotros mis invisibles amigos del blog.
FELIZ  NAVIDAD

K.A. – 2, era un extraterrestre, rollizo y con todos los tornillos en su sitio, verdosito, (como se denominaría en la tierra a un niño gordito y sonrosado), bien parecido, con sus dos antenas bien peinadas, sus circuitos recién engrasados; era fruto de la ultima remesa de androides del planeta Marte.
         Nuestro personaje, en una reunión con veteranos y expertos androides que a modo de profesores les estaban llenando sus circuitos de datos y sabiduría para una más eficaz vida en el espacio, se enteró de la existencia del planeta Tierra. Uno de estos profesores se le ocurrió plantearles un caso peculiar, para su meditación y estudio.
         ─† En un planeta llamado Tierra (dijo uno) hay una civilización primitiva, agresiva, se matan entre ellos o con unas maquinas lentas pero mortales llamadas coches, se separan por el color de su piel y por ello se odian, engrasan sus circuitos con sustancias alucinógenas y mortales.
         ─† Os sugiero (dijo otro) que antes de su destrucción paséis por sus ciudades y analicéis su comportamiento.
         K.A. – 2 muy triste en lo mas hondo de sus bobinas y con la pena a flor de coraza preguntó.
         ─† ¿profesor, no podríamos ir y cambiarles sus costumbres con un reajuste de circuitos?.
         ─† No K.A. – 2, son seres extraños, de costumbres diferentes y temperamentos no programables.
         Estos razonamientos dejan a K.A. -2 cavilando y computerizando la decisión a tomar; decide coger su nave y a pesar de los razonamientos del profesor, se dirige al primitivo planeta Tierra para avisar del caos que está a punto de suceder.
         Tras un largo viaje años luz, toma tierra en un lugar encantador, un paisaje  de fábula, las gentes caminan contentas de acá para allá, música alegre por las calles, luces y serpentinas, turrones y golosinas y juguetes en los escaparates.
         En la calle un bondadoso señor, barrigón y barbudo hace sonar la campanilla y va sacando regalos de un gran saco y repartiendo a los niños que se retiran a sus casas contentos y felices.
         Dentro de las casas las familias se reúnen en torno a la mesa, en alguna familia sientan también a la mesa a personas pobres y sin hogar.
         K.A. – 2 ve por todas partes amor y amistad, piensa que se equivocó de planeta, pide conferencia transplanetaria para pedir consejo y referencia de donde se encuentra.
         ─† Estás en la Tierra (le dice el profesor), pero según los calendarios por los que se rigen están en Navidad.
         ─† ¿Qué magia tiene esa palabra para cambiar de esta forma a las gentes?.
         ─† Es el espíritu que flota en el ambiente y les hace ser mejores.
         K.A. – 2 decide buscar el espíritu de la Navidad para dialogar con él y que se quede todo el año, recorre continentes, naciones, ciudades, pueblos y en todos ellos ve el mismo comportamiento pero el espíritu de la Navidad no aparece, al fin decide preguntar a las gentes.
         ─†¿Podeis sacarme de dudas, donde puedo encontrar al espíritu de la Navidad?.
         ─† En los corazones de buena voluntad (le responden), es época de amistad, amor, paz y felicidad.
         K.A. – 2 se marcha contento por que si en una época que marca el calendario el mundo es capaz de ser feliz también será capaz de arreglar sus conflictos y no llegar a la destrucción total y será para siempre Navidad época de amor y de PAZ.

FIN


Mi querida Eva, este cuento es para ti, deseo que tu vida sea una eterna Navidad. 1986

                                 Mamá Carmina

martes, 6 de diciembre de 2011

EL ABETO

Comienzo con este cuento apropiado por la proximidad de la Navidad y de la compra indiscriminada de arbolitos que acaban en los contenedores de la basura, amo el bosque y no me gusta la estampa que se presenta después de reyes en las calles de una gran ciudad.
Vísperas de la Navidad; Gonzalo y su papá se disponen a montar el árbol en el salón de la casa.
         Montan en el coche y con un hacha en ristre se dirigen al bosque mas cercano, una vez allí buscan cual será el árbol que mejor luzca en su salón, por fin divisan un árbol todo coqueto, es un abeto con sus acicalas verdes como recién pintadas y peinadas, destacaba su elegancia en medio de la hojarasca pardusca y la desnudez invernal que le rodea.
         No lo piensan mas y se disponen a talar el abeto, cuando clavan el primer hachazo un gemido lastimero retumba en el bosque, Gonzalo y su papá se sobrecogen; por la herida que dejo el hacha brota la resina como si fuera sangre de un ser herido, parecía como si el abeto les suplicara clemencia, lo miran aterrados y como pueden, con barro preparan un emplasto y curan la herida al árbol, este parecía que le agradecía el gesto ondeando sus ramas mecidas por la suave brisa, en estos momentos recuerdan que un árbol es un ser vivo, que tienen que respetarlo y cuidarlo para que muchos como él pueblen nuestros bosques, den cobijo a los animalitos, coman de sus frutos y limpien de polución a nuestro planeta que se encuentra en un estado critico.
         Nuestro amigo y su papá contemplan aquel arbolito y hacen una firme promesa; “No talar mas árboles y cada año en la Navidad comprarán uno en el mercado, lo cuidarán con esmero y luego lo plantarán en el bosque junto a este solitario abeto”.
         De regreso a casa pasan por un mercado Navideño buscando un arbolito, entre todos uno parecía que les suplicaba su atención, con sus raíces desnudas dentro de un plástico, sus ramas apretadas hasta el ahogo, tenia sed, mucha sed, padre e hijo se miraron y decidieron salvar ese arbolito.
         Compraron una gran maceta y una nutritiva turba y ya en casa se dispusieron a alojar al arbolito en un medio más acogedor, donde se pudiera nutrir y no le falte ni la luz ni el aire que necesita para sobrevivir.
         Cuando llegó la Navidad ¡¡que feliz estaba el arbolito todo engalanado con espumillón, cascadas plateadas, luces de colores y cobijando con gran mimo junto a su tronco las figuritas del misterio de la Navidad!!
         A su alrededor se fue cubriendo de paquetes de todos los colores con regalos para toda la familia y el arbolito estaba radiante, presentía que su vida no terminaría con la llegada de los Reyes Magos como le suele suceder a cientos y cientos de arbolitos cada año, él veía, notaba que para él bajo sus ramas también había un regalo, el mas preciado SU  VIDA.


Para todo el que lo lea con buena voluntad  (1996)

                            Abuela  Carmina